jueves, 17 de septiembre de 2009

Un Sueño Inolvidable

ahora si... la ultima parte

Pasada otra media hora en la que el verdugo me dejaba reposar, probablemente para que recuperara la voz así podía oírme en la siguiente sesión de tortura, empezó a frotarme la espalda con la mano de forma brusca, haciendo presión entre mis vértebras. De pronto, sin miramientos, me clavó unas barras punzantes a los lados de mi columna, justo por sobre mis glúteos. Ese dolor agudo me había destrozado. Pero ese dolor no era el que quería propinarme. Ambas barras empezaron a presionar mi carne hasta sujetar mi última vértebra y de un solo jalón, me la arrancó del cuerpo. El dolor que sentí no lo podría comparar con nada. Expulse un grito desgarrador tan fuerte que los anteriores quedaban reducidos a meros quejidos.

Uno a uno me fue arrancando los huesos de toda mi columna. Ya no sentía mis piernas, ni mi torso, ni mis brazos. No sabía si era por el hercúleo dolor de mi espalda o por la ausencia de los nervios que conectaban a todo mi cuerpo.
Ya se acercaba aquel monstruo, incapaz de definirse como hombre, a la última vértebra bajo la base de mi cráneo cuando me desmaye por la insoportable agonía. Estaba feliz; estaba muriendo y ya no sentiría nada más.”
Me desperté, todo sudado. Había sido la peor noche de mi vida. Ese sueño tan espantoso, pesadilla infernal, me había agotado.
Me levante con gran esfuerzo de la cama y baje por las escaleras a desayunar. Mi madre ya estaba levantada, toda lista para irse a trabajar. Al verme despierto tan temprano, cosa rara en mí un día de asueto, me pregunto como había dormido. Con una cara de cansancio y aletargamiento negué con la cabeza.
-¿Por qué? – Preguntó ella.- ¿Tuviste un mal sueño?
Sin pensarlo, casi como un acto reflejo, le dije que no. Que había tenido un sueño hermoso. Y es que ese sueño, comparado con la realidad que me acosaba desde el día de ayer, con la tristeza que había vuelto, me parecía una bella ilusión.

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